Vacaciones obligatorias para mujeres

Si, como yo, eres mujer, madre y trabajas también fuera de casa, seguro que más de una vez habrás pensado en lo que te voy a contar…

Hoy me he topado con un artículo que, con obvio tono de humor decía:

“(…) Desde el 15/02/2016 las mujeres gozarán de vacaciones pagas por sus parejas. Deberán ser no menos de 24 hs por año de relación y a partir de los 200 km de la ciudad donde reside la pareja. Esta nueva ley deberá cumplirse bajo pena de multas severas y hasta prisión. (…)”

Tras leer este texto que apela a ese sentimiento de saturación con el que andamos a veces muchas de nosotras, mi primer impulso fue seguir la broma y hacer cuentas. Llegué a la conclusión de que me corresponderían más de 20 días de vacaciones anuales y que ineludiblemente tendría que salir de la isla para cumplir con la distancia mínima estipulada.

Sin embargo, mi siguiente reflexión fue que, de manera divertida (…¿o quizás más bien irónica con toques de cierta amargura y frustración?), este miniartículo expresa en realidad algo que trabajamos siempre en Ententia con las parejas: que todas y todos necesitamos espacios para estar “a nuestra bola”, en los que no ser pareja, ni madre ni padre. Momentos en los que sencillamente ser uno mismo y dedicarse a prestar atención a las propias necesidades, como la de silencio, la de una conversación sin interrupciones, la de un día de playa en el que la única preocupación sea ponerse suficiente protección solar o recordar cómo se hacía el cristo.

Yo no sé si es factible y realista tomarse el número de días que proponen y sobre todo si es viable hacerlo de un tirón. Tampoco me parece que esta sea una “ley” que debiese afectar sólo a mujeres… ¡conozco a demasiados padres, sobre todo de niños pequeños, que necesitan un respiro y un descanso tanto como sus parejas!

Lo que sí me encanta del citado artículo es que, a su manera, pone la luz sobre una necesidad que todas y todos tenemos: la de desconectar. Una necesidad que muchas veces queda desatendida, al final de una larga lista de carencias, debido al ritmo de nuestra vida cotidiana.

Por ello te propongo algo sencillo y práctico. Algo que todos podemos hacer, si nos lo proponemos: dedicarte una vez a la semana, o cada quince días, o al menos al mes un tiempo sólo para ti. Un espacio en el que sólo tú decidas. Unos momentos en los que tu necesidad de ser tú, de sentirte, de disfrutar de la vida, sea lo que prime. Te aseguro que esta pequeña acción, llevada a cabo regularmente, se convierte en una experiencia mágica, curativa, transformadora. En el antídoto contra el desánimo y la desilusión. En el remedio contra el agotamiento y la apatía propios de demasiadas noches sin dormir de un tirón… ¿Te animas a probarlo? No busques excusas, emplea tu creatividad, haz un plan. No solo es posible, sino que seguro que te lo mereces.

 

 

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