CÓMO PASAR TODO UN VERANO EN PAREJA… ¡Y NO MORIR EN EL INTENTO!

Recientemente, para el número de verano de la Revista Nana, escribí el siguiente artículo, que ahora comparto también aquí contigo…

Llegó el verano, esa maravillosa estación en la que nos despedimos de las rutinas, muchas personas nos tomamos las tan merecidas vacaciones, se hacen viajes, se pilla el mejor moreno del año, se duerme hasta tarde, se dan largos y estimulantes paseos a orillas de la playa, se disfruta de románticos y deliciosos momentos en pareja… Espera, espera… ¿de veras tu temporada estival transcurre tan idílica como te la estoy pintando? La mía, definitivamente, no. Ni la de mucha gente que conozco como Mentora de Parejas Ilusionadas y abogada especializada en Divorcio Responsable. De hecho, para un gran número de relaciones sentimentales el verano se convierte en una tremenda prueba que incluye crisis de pareja e incierto final.

Los motivos son muchos y muy lógicos. Si tienes hijos, sabrás de la locura de tenerles contigo las 24 horas o del estrés de organizar idas y vueltas de actividades o campamentos de verano. (Que quede claro que adoro a mis hijas y me encanta estar con ellas… ¡pero qué estupendo invento son los colegios y qué maravillosa es la rutina escolar!). A esto se añade que habitualmente familiares y amigos eligen el verano para hacer sus visitas y que a menudo nos toca hacer de anfitriones, anteponiendo las necesidades y deseos de otros a las nuestras, tanto las individuales como las de pareja. Por último, pero no menos importante,  le sumamos lo más crítico: que durante el año llevamos acumulando pequeñas irritaciones cotidianas, malentendidos solventados sólo a medias, necesidades no satisfechas y deseos olvidados. Y que todo ello lo hemos guardado a conciencia, con la esperanza de que desapareciese por sí sólo,  ante la imposibilidad o la falta de un tiempo y un espacio adecuados para ponerlo todo sobre la mesa con nuestra pareja.

Estos tres puntos hacen que las vacaciones de verano adquieran un enorme potencial de conflicto y se conviertan en la antesala de una posible crisis. Una etapa en la que, al pasar más tiempo juntos, aumentan las tensiones, se producen más desencuentros, y se hace evidente que la relación de pareja necesita atención, mimo y una inyección de ilusión. Sin embargo, todo esto que te puede estar sonando ahora a catástrofe, no es tal, te lo aseguro. Es una magnífica oportunidad, si se aprovecha bien, de crecer juntos, de recuperar complicidad y de adquirir nuevas maneras de gestionar las dificultades. Si sientes que podrías estar en una situación como esta, no te quedes con los brazos cruzados, esperando a ver qué pasa. Ponte manos a la obra y proponte aprovechar esta posibilidad. Para ello, te doy algunas ideas de lo que podrías hacer antes, durante y después de las vacaciones…

Antes de que empiecen las vacaciones…
– Tómate un ratito para concretar tus expectativas, lo que necesitas, lo que deseas. Si puedes, proponle a tu pareja que haga lo mismo.
– Tómate otro rato, a ser posible en un lugar agradable y estando relajados, para expresar las conclusiones a las que han llegado y para que ambos se escuchen desde el cariño, desde las ganas de entenderse.
– Hagan un pequeño plan de cómo podrían satisfacer lo expuesto, de la manera en la que podrían distribuir su tiempo
– Tengan en cuenta diferentes tipos de ‘tiempo’ -para uno/a mismo/a, de pareja, con lo/as hijo/as, ocio con amistades y familiares- y asegúrense de planificar sin olvidarse de que haya equilibrio entre todos ellos.

Durante las vacaciones…
– Si ven que su fantástico plan inicial está siendo difícil de cumplir, ¡sean creativos y busquen ayuda! Integren a amistades y familiares en el cuidado de lo/as niño/as, aunque sean pequeños ratitos. Hagan trueques de tareas con amigo/as. Deleguen lo que puedan delegar…
– Persigan momentos divertidos, entrañables, no situaciones ‘perfectas’.
– Enfóquense en el buen humor, en el lado ‘cómico’ de las cosas.
– Asegúrense de empezar el día con un beso y una mirada.
– No dejen que acabe el día sin haberse agradecido al menos tres cosas.

Después de las vacaciones…
– Si lo que han practicado les ha dado resultado, si el haberse enfocado en entenderse, en hacer planes juntos y en lo positivo de su relación les ha servido… ¡sigan haciéndolo y llenen de ilusión su día a día!
– Si no se prepararon para ‘la tormenta’ y la situación les superó o si, a pesar de haberlo intentado, sienten que se ha destapado una crisis que no pueden solventar sólos, ¡busquen ayuda, no esperen que desaparezca al regresar la rutina!
– Si regresan saturados y sintiendo que no desean seguir junto/as, ¡no tiren la toalla! A lo mejor, efectivamente podrán ser más felices separados. Pero también es posible que, con la ayuda adecuada, recuerden qué les hizo enamorarse, entiendan qué se ha puesto en su camino y puedan aprender a sortear los obstáculos junto/as.

Por último, me gustaría compartir contigo una reflexión, la conclusión de más de quince años trabajando con parejas:

  1. Primero y principal, la vida está para crecer cada día y ser feliz… aunque a veces pasemos malos momentos, o haya situaciones difíciles, o sintamos que el día a día nos desborda.
  2. Estar en pareja debería servirnos para ambas cosas, para madurar y para llevar una vida plena.
  3. Una de las fórmulas que mejor funcionan para tener y mantener una pareja feliz es la suma de ‘comunicación más ilusión’, el saber escuchar(se), expresarse y negociar, unido a la costumbre de hacer cosas que nos hacen sentir agradecimiento y alegría de vivir en pareja.

Por todo ello, te deseo de corazón que encuentres tu particular manera de ser feliz.

 

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